Teruel, símbolo de la España vaciada, es una tierra áspera y bella de grandes espacios abiertos y serranías, paso entre el centro peninsular y el Levante. No faltan los motivos para acercarse a estos lugares olvidados de pueblos durmientes: gastronomía, historia y paisaje justifican ya el viaje, pero si queremos emociones en contacto total con la naturaleza, Teruel ofrece un buen ramillete de vías ferratas que colmarán nuestras expectativas.
Adentrarse entre las angostas paredes labradas por el río Mijares siguiendo la sencilla ferrata instalada es seguramente una de las mejores formas de iniciarse en este mundo, por la belleza de los rincones que vamos a descubrir, sin pasos difíciles y sin sensación de vacío.
Para el día siguiente, entrenados ya en la mecánica, afrontamos las ferratas verticales, siguiendo siempre una suave progresión de dificultad, culminando en una K3 (Peña Grajera, de dificultad media) en el precioso pueblo de Libros.
Viaje hasta Formiche Alto (330 km, 3h 30), localidad cercana a la capital turolense. En estos solitarios parajes, el río Mijares ha escavado un estrecho barranco que se abre paso entre la Sierra del Cabezo. La ferrata que es horizontal y sencilla, sin apenas sensación de vacío, permite adentrarse en el barranco superando pozas y otros obstáculos naturales, como bloques encajados. Una auténtica maravilla en un entorno muy singular.
Tras la ferrata nos desplazaremos a Teruel capital para pernoctar en un hotel situado en la misma Plaza del Torico.
Tras el desayuno nos trasladaremos a Torremocha de Jiloca (35 km) donde nos enfrentaremos a la primera ferrata de trazado vertical. La vía es muy sencilla - solo un punto más de dificultad respecto a ayer - y nos permite alcanzar la panorámica cima de la Peña Palomera.
Tras un descanso y el almuerzo nos trasladaremos a la población de Libros (60 km) para acometer la vía que nos graduará como auténticos ferrateros. Ferrata corta pero con una gran sensación de verticalidad, sobre una pared que está literalmente encima del pueblo.
Tras la ferrata y una merecida cerveza en el bar del pueblo, regresaremos a Madrid por Cuenca (285 km, 3 h 15).