El esquí de fondo es un deporte de resistencia, técnica (y paciencia), pero también está hecho de nombres que han convertido la nieve en escenario de leyendas.
Desde el dominio arrollador de Bjørn Dæhlie y la elegancia de Vladimir Smirnov hasta la explosividad de Silvio Fauner, la longevidad extraordinaria de Marit Bjørgen o la revolución de Johannes Høsflot Klæbo, varias generaciones de fondistas han llevado los límites de este deporte mucho más lejos.
Y entre campeones, rivalidades, gestas olímpicas y alguna que otra historia imposible de olvidar, también hay espacio para figuras tan singulares como la finlandesa Virpi Kuitunen.
Estos son algunos de los grandes nombres que han marcado una época sobre los esquís de fondo.
Por: Redacción Geo / Supervisado por Javier Castro
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BJOERN DAEHLIE

Hablar de Bjørn Dæhlie es hablar del atleta que redefinió los límites de la resistencia humana y se convirtió en el sinónimo absoluto del esquí de fondo moderno. Durante la década de los 90, este noruego dominó los circuitos con una ferocidad y una superioridad que le otorgaron el estatus de leyenda viva en el deporte invernal.
Antes de la llegada de su compatriota Marit Bjørgen, Bjørn Dæhlie ostentó durante décadas el título de atleta más condecorado de la historia de los Juegos Olímpicos de Invierno.
• Juegos Olímpicos: participó en tres ediciones (Albertville 1992, Lillehammer 1994 y Nagano 1998) cosechando un total de 12 medallas olímpicas, de las cuales 8 fueron de oro y 4 de plata.
• Campeonatos del Mundo: acumuló 17 medallas, de las cuales 9 fueron de oro.
• Copas del Mundo: ganó el exigente Globo de Cristal de la clasificación general en 6 ocasiones y acumuló 46 victorias individuales en el circuito.
Más allá de sus medallas, Dæhlie es mundialmente famoso en la historia de la medicina deportiva por su capacidad cardiovascular. Durante su época de esplendor, se sometió a pruebas de esfuerzo en las que registró un consumo máximo de oxígeno de 96 ml/kg/min. Para ponerlo en perspectiva, un atleta de élite promedio suele rondar los 80-85 ml/kg/min.
Durante años, el de Dæhlie fue el valor más alto jamás registrado oficialmente en la historia de la ciencia del deporte, sólo superado décadas después por un ciclista de carretera, Oskar Svendsen, con 97,5 ml/kg/min. Dæhlie tenía, literalmente, un motor aeróbico sobrehumano que le permitía mantener ritmos de asfixia en las subidas sin acumular apenas lactato.
A Adæhlie le tocó vivir en primera persona la gran revolución de los años 80 y 90, cuando el esquí se dividió entre el estilo clásico y el estilo libre. A diferencia de otros esquiadores que sufrieron al adaptarse, él fue un maestro absoluto en ambas disciplinas.
Tenía una zancada en paso alterno clásico, devastadora, pero en estilo libre aplicaba una fuerza tan brutal y una frecuencia tan alta que parecía flotar sobre la nieve compacta. Su capacidad para dominar las carreras de persecución (donde se corría la mitad en clásico y la otra mitad en patinador cambiando de esquís) demostraba su versatilidad técnica.
En los Juegos de Nagano, Dæhlie corrió la distancia reina de los 50 kilómetros en unas condiciones de nieve primavera espantosas y pesadas. Tras una batalla épica contra el cronómetro y el sueco Niklas Jonsson, Dæhlie cruzó la meta ganando el oro por apenas 8 segundos de diferencia. Nada más cruzar la línea, se desplomó sobre la nieve y estuvo más de cinco minutos totalmente inconsciente y sin poder ponerse en pie debido al vaciado absoluto de glucógeno y al esfuerzo cardíaco. Esa imagen dio la vuelta al mundo como el ejemplo supremo de entrega competitiva.
En esos mismos Juegos de Nagano, en la carrera de 10 km clásicos, Dæhlie ganó cómodamente el oro. Sin embargo, en lugar de irse a la zona de prensa o al vestuario a resguardarse del frío y la lluvia, Dæhlie se quedó plantado en la línea de meta durante más de 20 minutos esperando a que llegara el último clasificado: el keniano Philip Boit, quien participaba por primera vez representando a su país. Cuando Boit cruzó la meta exhausto, Dæhlie lo abrazó y lo felicitó calurosamente. El gesto conmovió tanto a Boit que el keniano bautizó a su hijo primogénito con el nombre de Elijah Kiprono Dæhlie Boit.
Una grave lesión de espalda sufrida durante un entrenamiento de carrera a pie en el verano de 1999 (una hernia discal que se complicó) le obligó a anunciar su retirada definitiva en 2001, lo que truncó su plan de competir en los Juegos de Salt Lake City 2002.
Lejos de desaparecer de la vida pública, aprovechó su estatus y su profundo conocimiento técnico para fundar su propia marca de ropa técnica de invierno: Bjørn Dæhlie (hoy estilizada simplemente como Dæhlie). Sus chaquetas cortavientos, mallas de licra y guantes para dryland y esquí de fondo son, a día de hoy, el estándar de oro y la indumentaria oficial de multitud de equipos nacionales, incluido el todopoderoso equipo noruego de esquí de fondo.
VLADIMIR SMIRNOV

Si Bjørn Dæhlie fue el indiscutible rey del esquí de fondo en los años 90, Vladimir Smirnov fue su eterno, respetado y titánico rival. Este esquiador kazajo, que compitió sucesivamente por la Unión Soviética, el Equipo Unificado y, finalmente, por Kazajistán, es una de las figuras más carismáticas, elegantes y queridas de la historia de este deporte.
Físicamente era la estampa perfecta del fondista: alto, rubio, con un porte elegante y una zancada de una plasticidad técnica impecable. A menudo se recuerda a Smirnov como el hombre que habría ganado el doble de títulos si no hubiera coincidido en el tiempo con la generación de oro noruega (Dæhlie, Thomas Alsgaard, Vegard Ulvang). Aun así, su palmarés es impresionante.
• Juegos Olímpicos: consiguió un total de 7 medallas. Su momento cumbre llegó en Lillehammer 1994, donde, compitiendo ya bajo la bandera del recién independizado Kazajistán, se proclamó campeón olímpico en la distancia reina de los 50 kilómetros clásicos, además de colgarse dos platas.
• Campeonatos del Mundo: cosechó 11 medallas mundiales, destacando el Mundial de Thunder Bay (Canadá) en 1995, donde barrió de forma absoluta ganando tres medallas de oro individuales (10 km, 15 km y 30 km).
• Copa del Mundo: ganó la clasificación general del Globo de Cristal en dos ocasiones (1991 y 1994) y acumuló 30 victorias individuales.
La rivalidad entre Vladimir Smirnov y Bjørn Dæhlie es considerada una de las más hermosas de la historia del deporte. Se enfrentaron cara a cara en decenas de carreras, llegando a la meta con diferencias de escasos segundos tras más de una hora de competición.
La rivalidad entre Vladimir Smirnov y Bjørn Dæhlie es considerada una de las más hermosas de la historia del deporte. Se enfrentaron cara a cara en decenas de carreras, llegando a la meta con diferencias de escasos segundos tras más de una hora de competición.
A pesar de la tensión competitiva, ambos atletas se profesaban un respeto absoluto. No había guerras psicológicas ni declaraciones polémicas. En Noruega, Smirnov era tan admirado por su juego limpio y su carisma que el público de Oslo lo vitoreaba casi tanto como a sus propios compatriotas. En 1994, la corona noruega le otorgó la Medalla de Holmenkollen, el máximo honor cultural y deportivo del esquí en el país, siendo uno de los pocos atletas extranjeros en recibirla.
Smirnov poseía una de las biomecánicas más puras del circuito. En un momento en el que el paso patinador aún se estaba perfeccionando, él dominaba los pasos modernos con una fluidez asombrosa.
No obstante, su verdadera especialidad era el estilo clásico. Su ejecución del paso alterno diagonal era de manual: mantenía una altura de caderas perfecta, una transferencia de peso del 100% en cada zancada y un impulso elástico que parecía no costarle esfuerzo, cualidades que le permitieron batir a los noruegos en su propio terreno en los 50 km de Lillehammer 1994.
SILVIO FAUNER
Si Vladimir Smirnov y Bjørn Dæhlie eran los reyes absolutos de las distancias largas y la resistencia en los años 90, el italiano Silvio Fauner fue el maestro de la táctica, el «killer» de los sprints finales y el protagonista del que probablemente sea el momento más dramático, tenso e icónico de la historia del esquí de fondo moderno.
Físicamente compacto, explosivo y con una inteligencia táctica fuera de lo común, Fauner fue la punta de lanza de una generación dorada de esquiadores italianos (junto a Maurilio De Zolt, Giorgio Vanzetta y Marco Albarello) que se atrevió a desafiar la hegemonía noruega en su propia casa.
Para entender la leyenda de Silvio Fauner hay que viajar al 22 de febrero de 1994. Se disputaba el relevo masculino en los Juegos Olímpicos de Lillehammer. Más de 100.000 enfervorizados aficionados noruegos abarrotaban el estadio de Lillehammer, ondeando banderas y preparados para celebrar lo que daban por una victoria segura de su país.
En el último relevo se disputó el duelo definitivo: Bjørn Dæhlie (Noruega) contra Silvio Fauner (Italia).
Dæhlie intentó descolgar a Fauner durante todo el recorrido con hachazos y ritmos asfixiantes en las subidas, pero el italiano, haciendo gala de una sangre fría descomunal, se enganchó a sus esquís y se negó a ceder un solo metro. Llegaron juntos al estadio olímpico para jugárselo todo al sprint en la recta final.
Fauner, sabiendo que era más explosivo en los metros finales, lanzó un ataque demoledor en el pasillo de entrada. Dæhlie intentó responder, pero sus piernas le flaquearon ante la velocidad de Fauner. Italia ganó el oro por apenas 0,4 segundos. En ese mismo instante, los 100.000 espectadores noruegos enmudecieron por completo. El «Silencio de Lillehammer» pasó a la historia del olimpismo, y Fauner se convirtió en un héroe nacional en Italia y en el enemigo público número uno, aunque profundamente respetado, en Noruega.
Aunque ese relevo eclipsó gran parte de su carrera, el palmarés individual y colectivo de Fauner es espectacular:
• Juegos Olímpicos: cosechó un total de 5 medallas. Además del legendario oro de relevos en 1994, ganó una medalla de bronce individual en los 25 km persecución en esos mismos Juegos, y otra plata en relevos en Nagano 1998.
• Campeonatos del Mundo: acumuló 7 medallas. Su mayor hito individual llegó en el Mundial de Thunder Bay (Canadá) en 1995, donde se proclamó Campeón del Mundo en los 50 km estilo libre (patinador), batiendo precisamente a la armada noruega en una exhibición de resistencia y gestión de la velocidad.
Silvio Fauner fue uno de los atletas que mejor partido le sacó a la separación de estilos tras la revolución del skating. Aunque era un esquiador muy sólido en el estilo clásico, su hábitat natural era el estilo libre.
Tenía una técnica de patinador compacta, muy baja y potente, ideal para las carreras con salidas en grupo (Mass Starts) y persecuciones que empezaban a popularizarse en los años 90. Fauner era un estratega: sabía cuándo esconderse en el pelotón para resguardarse del viento, cómo dejar que los favoritos (como Dæhlie o Smirnov) se desgastaran tirando del grupo en las subidas, y dónde colocarse para lanzar su letal e incontestable sprint final en los últimos 200 metros.
Tras retirarse de la alta competición a principios de la década de 2000, Fauner no se alejó de las pistas. Su conocimiento de la alta competición y su liderazgo lo llevaron a convertirse en el director técnico del equipo nacional italiano de esquí de fondo durante varios años, transmitiendo esa mentalidad competitiva, agresiva y tácticamente perfecta a las nuevas generaciones de fondistas transalpinos.
MARIT BJOERGEN

Si Bjørn Dæhlie fue el rey absoluto del esquí de fondo en los años 90, Marit Bjørgen es, sin discusión alguna, la reina indiscutible, el mito supremo y la atleta más grande de toda la historia de los deportes de invierno.
Apodada «Gull-Marit» (Marit de Oro) por sus compatriotas noruegos, Bjørgen dominó el circuito femenino durante casi dos décadas con una exhibición de fuerza, longevidad y polivalencia que difícilmente volverá a repetirse.
Marit Bjørgen trituró todos los registros históricos del olimpismo invernal a lo largo de sus cinco participaciones en los Juegos Olímpicos (desde Salt Lake City 2002 hasta Pyeongchang 2018):
• Juegos Olímpicos: acumuló un total de 15 medallas olímpicas, de las cuales 8 son de oro, 4 de plata y 3 de bronce. En su última cita, Pyeongchang 2018, se convirtió oficialmente en la deportista (tanto masculina como femenina) más laureada de la historia de los Juegos Olímpicos de Invierno.
• Campeonatos del Mundo: su dominio en los mundiales fue una auténtica tiranía: 26 medallas en total, de las cuales 18 fueron títulos de campeona del mundo.
• Copa del Mundo: consiguió 4 Globos de Cristal en la clasificación general y ostenta el récord absoluto de victorias individuales en el circuito con 114 triunfos.
El impacto de Bjørgen en el esquí de fondo femenino fue similar al de Serena Williams en el tenis. Poseía una estructura muscular imponente y una fuerza en el tren superior como no se había visto nunca en la categoría femenina.
En los inicios de su carrera, esa potencia explosiva la convirtió en la reina indiscutible de las pruebas de Sprint. Sin embargo, su evolución física a partir de 2009 —gracias a un cambio radical en sus métodos de entrenamiento, enfocados en el volumen aeróbico y en el core profundo— la transformó en una fondista total. Era capaz de ganar con la misma solvencia un sprint de 1,2 kilómetros a máxima frecuencia que la agónica distancia reina de los 30 kilómetros.
En estilo clásico, su capacidad para realizar el Double Poling colgada de los bastones aprovechando su brutal musculatura abdominal y dorsal la hacía letal en los llanos y finales de carrera.
En estilo libre hacía gala de un paso uno-uno asombrosamente estable, manteniendo un equilibrio perfecto y deslizando el esquí plano a una velocidad inalcanzable para sus rivales.
Si algo agigantó su leyenda en Noruega fue su capacidad para conciliar la maternidad con la alta competición. En diciembre de 2015 dio a luz a su primer hijo. Muchos pensaron que, a sus 35 años y habiéndolo ganado absolutamente todo, ese sería el final de su carrera deportiva.
Nada más lejos de la realidad. Bjørgen regresó a los entrenamientos y apenas un año después, en el Campeonato del Mundo de Lahti 2017, firmó una de las mayores gestas de su vida al colgarse cuatro medallas de oro, demostrando que su capacidad de recuperación y su mentalidad competitiva seguían intactas. Su retirada definitiva llegó en 2018, en la cúspide de su carrera, tras colgarse su último oro olímpico en los 30 km de Pyeongchang.
KLAEBO

Si Marit Bjørgen y Bjørn Dæhlie representan las leyendas del pasado reciente, Johannes Høsflot Klæbo es el presente absoluto, el revolucionario del siglo XXI y el esquiador de fondo más talentoso, magnético y dominante del circuito actual.
Nacido en 1996, este prodigio noruego ha cambiado para siempre la forma de competir en el esquí de fondo moderno, convirtiéndose en el hombre récord más joven de la historia de este deporte.
Klæbo irrumpió en el circuito absoluto como un torbellino, triturando récords de precocidad que parecían imposibles:
• Juegos Olímpicos: en sus participaciones olímpicas acumula ya 9 medallas olímpicas, de las cuales 5 son de oro. En Pyeongchang 2018, con solo 21 años, se convirtió en el esquiador de fondo masculino más joven de la historia en ganar un oro olímpico.
• Campeonatos del Mundo: cuenta con una colección impresionante de 12 medallas de oro mundiales.
• Copa del Mundo y Tour de Ski: ha ganado el Globo de Cristal de la clasificación general en múltiples ocasiones y es el dominador absoluto del exigente Tour de Ski. Es, además, el atleta con más victorias individuales en la historia de la Copa del Mundo masculina, superando el mítico récord de 46 de Bjørn Dæhlie.
Si por algo pasará Johannes Klæbo a los libros de historia de este deporte, es por inventar una nueva forma de subir las cuestas en estilo clásico.
Tradicionalmente, las pendientes muy pronunciadas se subían con el paso de tijera, arrastrado o deslizado, de la escuela antigua. Klæbo rompió los esquemas: aprovechando su portentosa agilidad y una frecuencia de movimientos nunca antes vista, el noruego patentó el «Klæbo-running».
Consiste en salirse de la traza en las cuestas y, literalmente, correr hacia arriba de puntillas con los esquís en «V» a una velocidad frenética, como si no llevara tablas en los pies. Visualmente parece un sprint de atletismo sobre la nieve. Esta técnica requiere una fuerza explosiva descomunal en los gemelos, los flexores de la cadera y el core, y le permite descolgar a todos sus rivales en cuestión de segundos en cualquier repecho duro.
Klæbo comenzó su carrera siendo un especialista imbatible en las pruebas de Sprint (tanto en clásico como en patinador). Su capacidad de aceleración en los últimos 200 metros es, sencillamente, la más letal que ha existido jamás.
A diferencia de los fondistas de los 90 que buscaban reventar las carreras en solitario desde el primer kilómetro (como hacían Dæhlie o Smirnov), Klæbo es un maestro de la estrategia en carrera en grupo. Sabe leer el pelotón a la perfección, ahorra energía escondido en el grupo, protegiéndose del viento, y cuando llega la última subida o la recta de meta, activa su endiablada frecuencia de brazos y piernas para dejar clavados a sus rivales. Con los años, ha trasladado esa misma superioridad a las distancias largas (como los 50 km), convirtiéndose en un fondista total.

Klæbo representa la transición perfecta del esquí hacia el siglo XXI. No solo es un atleta de élite; junto con su hermano Ola, gestiona uno de los canales de YouTube de deportes de invierno más seguidos del mundo, donde muestra sus entrenamientos diarios, sus sesiones de dryland en verano (con rollerskis y bastones) y su vida fuera de las pistas, acercando el esquí de fondo a las nuevas generaciones.
En el estilo libre (skating), Klæbo es el ejemplo perfecto de la adaptación de los diferentes pasos a los materiales y entrenamientos modernos. Su uso del Uno-Uno en pendientes donde antes se usaba el asimétrico es una exhibición de potencia muscular y de la evolución de este deporte milenario.
VIRPI KUITUNEN

Virpi Kuitunen es una de las figuras más fascinantes, talentosas y controvertidas del esquí de fondo de los años 2000. Nacida en Finlandia en 1976, Kuitunen encarna a la perfección la esencia del esquí nórdico tradicional: una especialista superdotada para el estilo clásico, capaz de deslizar con una elegancia que parecía sacada de otra época, pero con la fuerza y la agresividad del esquí moderno.
Si hubiera que definir a Kuitunen con una sola palabra, sería purismo. En una época en la que el paso patinador y el empuje de brazos (double poling) empezaban a monopolizar las carreras, Virpi ofreció auténticas lecciones magistrales de cómo se debe esquiar en estilo clásico.
Su ejecución del paso alterno en las subidas era, sencillamente, perfecta. Poseía un timing y una finura para transmitir el peso del cuerpo al esquí de agarre que le permitían mantenerse en la traza en pendientes donde otras atletas se veían obligadas a abrir los esquís fuera de la huella. Esa exquisitez técnica la convirtió en la rival más temida del circuito en cualquier carrera que implicara raíles tradicionales.
A lo largo de su carrera profesional, Kuitunen acumuló un palmarés que la sitúa en el Olimpo del deporte finlandés:
• Campeonatos del Mundo: fueron su escenario fetiche. Consiguió un total de 8 medallas mundiales, de las cuales 6 fueron de oro (repartidas entre los Mundiales de Lahti 2001, Sapporo 2007 y Liberec 2009). Su actuación en Sapporo 2007 fue histórica, cosechando 3 medallas de oro en una sola cita (Sprint por equipos, Relevos y los 30 km clásicos).
• Juegos Olímpicos: logró 2 medallas de bronce olímpicas en las pruebas de relevos y sprint por equipos (Turín 2006 y Vancouver 2010).
• Copa del Mundo: ganó la clasificación general del Globo de Cristal en dos ocasiones (2007 y 2008). Además, fue la primera mujer de la historia en ganar el prestigioso Tour de Ski en su edición inaugural (2006/2007), título que revalidaría en 2009.
La carrera de Kuitunen quedó marcada para siempre por el fatídico Campeonato del Mundo de Lahti 2001, celebrado en su propia casa, Finlandia. Con solo 24 años, Virpi se coronó campeona del mundo en la prueba de persecución, desatando la locura en el país.
Sin embargo, pocos días después estalló uno de los mayores escándalos de la historia del esquí de fondo: seis miembros del equipo finlandés (incluida Kuitunen) dieron positivo por HES (un expansor de plasma sanguíneo utilizado para enmascarar el uso de EPO).
Kuitunen fue despojada de su medalla de plata en el relevo (aunque, debido a un vacío legal en los tiempos de los controles, retuvo su oro individual) y fue sancionada con una suspensión de dos años. El golpe psicológico para el país y para ella fue devastador. A diferencia de otros atletas que se retiraron tras el escándalo, Virpi optó por el camino de la redención: cumplió su sanción en la sombra, regresó en 2003 y entrenó con más rabia y limpieza que nunca para demostrar al mundo que su talento era puro y no dependía de los laboratorios. Su dominio absoluto a partir de 2006 fue su respuesta definitiva.
Virpi Kuitunen se retiró en lo más alto tras los Juegos Olímpicos de Vancouver 2010. En Finlandia, un país donde el esquí de fondo es casi una religión, su figura genera una mezcla de profunda admiración por su inigualable calidad técnica y de melancolía por los oscuros años del dopaje de principios de siglo.
Hoy en día, su nombre sigue saliendo a relucir en las escuelas de esquí de toda Escandinavia cada vez que un entrenador quiere mostrar a los jóvenes cómo ejecutar una patada diagonal perfecta en estilo clásico.
