La verdadera épica del fondo se ha gestado en las carreras de larga distancia, donde profesionales y aficionados compiten juntos.
Nacidas de gestas históricas o de la pura pasión por la nieve, carreras como la Vasaloppet sueca o la Marcialonga italiana congregan cada año a miles de profesionales y aficionados.
Descubre el origen, el recorrido y las curiosidades de las pruebas más icónicas del esquí de fondo de larga distancia.
Por: Redacción Geo / Supervisado por Javier Castro
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VASALOPPET
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La Vasaloppet no es simplemente una carrera de esquí de fondo, es el equivalente al Maratón de Boston o al Tour de Flandes de las tablas finas.
Es la competición de esquí de fondo más antigua, más larga y con el mayor número de participantes del mundo. Cada primer domingo de marzo, más de 15.000 esquiadores se congregan en la línea de salida en Sälen, Suecia, para cubrir una distancia mítica de 90 kilómetros en técnica clásica hasta la meta en Mora.
Para entender la Vasaloppet hay que viajar al año 1520. Suecia estaba bajo el brutal yugo del rey danés Cristian II. Un joven noble sueco, Gustav Ericsson Vasa, intentaba organizar una rebelión para liberar a su país. Viajó a la región de Dalarna para convencer a los hombres de la ciudad de Mora de que se unieran a su causa, pero estos, cansados de guerras, rechazaron su propuesta.
Desanimado, Gustav Vasa se calzó sus esquís de madera y emprendió la huida hacia el oeste, en dirección a la frontera con Noruega.
Poco después de que se marchara, llegaron a Mora noticias de nuevas atrocidades cometidas por el rey danés en Estocolmo. Los habitantes de Mora se dieron cuenta de su error y enviaron a sus dos esquiadores más rápidos a buscar a Vasa. Tras recorrer 90 kilómetros, lo alcanzaron en Sälen. Vasa regresó a Mora, lideró la rebelión, expulsó a los daneses y fue coronado rey de Suecia como Gustav I.
Ese viaje de regreso fue el acta de nacimiento de la Suecia moderna.

Cuatro siglos después, en 1922, a un periodista sueco llamado Anders Pers se le ocurrió una idea: para conmemorar el IV centenario de aquella hazaña y fomentar la salud física de la población, propuso recrear el recorrido histórico de Gustav Vasa desde el lugar donde lo encontraron, Sälen, hasta el lugar de la rebelión, Mora.
La primera edición se celebró el 19 de marzo de 1922 con 119 participantes. El ganador fue Ernst Alm, un joven de 22 años que completó los 90 km en 7 horas y 32 minutos. Curiosamente, Alm sigue siendo el ganador más joven de la historia de la prueba.
Hoy en día, la Vasaloppet es un fenómeno de masas. Las inscripciones para los miles de aficionados se agotan en cuestión de minutos.

La salida: es una de las imágenes más icónicas del deporte mundial. Más de 15.000 personas se alinean en hileras infinitas en una enorme llanura nevada. Cuando suena el pistoletazo, se desencadena una marea humana que se embotella de inmediato en la primera gran rampa del recorrido.
La sopa de arándanos (Blåbärssoppa): es el “combustible” de la Vasaloppet. En los puestos de avituallamiento repartidos a lo largo del recorrido, los voluntarios sirven miles de litros de una bebida caliente, dulce y espesa elaborada a base de arándanos silvestres.
El lema de la meta: al cruzar la línea de llegada en Mora, los esquiadores pasan bajo un arco de madera donde se lee el histórico lema sueco: «I fäders spår för framtids segrar», “En los pasos de nuestros padres, para las victorias del futuro”.

El reglamento de la carrera exige estrictamente que se corra en técnica clásica, pero el perfil fundamentalmente llano y con falsos llanos, salvo la primera gran subida, propició una revolución técnica a principios de la década de 2000, cuando los esquiadores de élite empezaron a dejar de aplicar cera de agarre en el patín del esquí porque frenaba el deslizamiento en los llanos.
Hoy en día, todos los atletas profesionales corren la Vasaloppet sin ceras, realizando exclusivamente double poling (empuje/doble bastón) durante los 90 kilómetros completos. No dan una sola zancada de paso alterno. Sus abdominales, dorsales y tríceps soportan una tensión brutal durante casi cuatro horas a velocidades de vértigo.
El récord actual de la prueba lo ostenta el noruego Tord Asle Gjerdalen, quien en 2021 destrozó el crono al completar los 90 km en unas increíbles 3 horas, 28 minutos y 18 segundos.
BIRKEBEINERRENNET
Si la Vasaloppet es la reina de las carreras en Suecia, la Birkebeinerrennet (conocida coloquialmente como la «Birke») es el alma, el orgullo nacional y el mito fundacional de Noruega.
Se celebra cada mes de marzo y une las localidades de Rena y Lillehammer. Cubre una distancia de 54 kilómetros en técnica clásica, pero, a diferencia de la Vasaloppet (que es bastante llana), la Birke es una carrera de montaña durísima, salvaje y expuesta a las inclemencias del clima nórdico, que cruza dos macizos montañosos.
El origen de esta carrera es uno de los relatos más épicos de la historia nórdica y se remonta a 1206. Noruega estaba sumida en una sangrienta guerra civil entre dos facciones: por un lado los Bagler, apoyados por la iglesia y la aristocracia, y por otro lado los Birkebeiner, partidarios del rey, llamados así, despectivamente, porque eran tan pobres que se envolvían las piernas con cortezas de abedul —birke bein— para protegerse del frío.
El rey Håkon Sverresson fue asesinado, pero dejó un hijo ilegítimo, apenas un bebé de dos años: Håkon Håkonsson. El bebé representaba la única esperanza de paz para unificar el reino, pero los Bagler querían matarlo.

En pleno invierno de 1206, los dos esquiadores más rápidos de los Birkebeiner, Torstein Skevla y Skjervald Skrukka, tomaron al niño en brazos y emprendieron una huida desesperada de 54 kilómetros a través de las montañas nevadas e inhóspitas entre Lillehammer y Rena. Soportaron ventiscas brutales mientras cargaban al futuro rey hasta ponerlo a salvo. El niño creció, se convirtió en el rey Håkon IV y puso fin a la guerra civil, lo que llevó a Noruega a su época dorada medieval.
Para conmemorar aquella hazaña, la carrera oficial se instituyó en 1932. Y aquí viene la tradición más hermosa, estricta y única de la Birkebeinerrennet: todos y cada uno de los participantes deben correr cargando una mochila que pese, obligatoriamente, un mínimo de 3,5 kg. El peso de la mochila simboliza el de Håkon, el niño rey, que ambos guerreros transportaron en el año 1206.

Además del simbolismo, la mochila cumple una función de seguridad vital. Las condiciones en las altas montañas entre Rena y Lillehammer pueden cambiar en minutos de un sol radiante a una ventisca mortal. La organización obliga a que, entre esos 3,5 kg, haya ropa de abrigo obligatoria (chaqueta y pantalones cortavientos, mudas térmicas, gorro, guantes) y comida, para que cualquier esquiador pueda sobrevivir si la carrera tiene que suspenderse en mitad de la montaña. Al cruzar la meta, los jueces pesan minuciosamente la mochila de cada participante; si pesa 3,499 kg, quedas descalificado de inmediato.
El perfil de la Birkebeinerrennet asusta.
Empieza en Rena (a unos 280 metros sobre el nivel del mar) y asciende de forma casi ininterrumpida durante los primeros 20 kilómetros hasta alcanzar el techo de la carrera en las montañas a más de 1.100 metros de altitud, desafiando vientos feroces, antes de descender hacia el estadio olímpico de Lillehammer.
Como vimos, en el esquí moderno de larga distancia impera la tendencia a correr sin cera de agarre, simplemente empujando con los bastones (double poling). Sin embargo, la Birke es tan empinada que empujar esos 3,5 kg extra cuesta arriba durante 20 kilómetros de montaña es una tortura sobrehumana.
Aun así, en los últimos años, los profesionales también han logrado dominar la Birke haciendo exclusivamente doble bastón, sin usar el paso alterno clásico, lo que demuestra los niveles demenciales de fuerza en el core y el tren superior que tienen los fondistas actuales.
En Noruega, conseguir la «Fiducia» (el diploma que certifica que has terminado la carrera dentro de un tiempo máximo calculado según la media de los primeros clasificados de tu edad) es un estatus social enorme. Cientos de noruegos entrenan durante todo el año con el único objetivo de «pasar el corte» de la Birke.
Además, el mito es tan grande que hoy en día existe el Birkebeiner Triple: en marzo se corren los 54 km en esquís, en junio se realiza una carrera a pie por la montaña (Birkebeinerløpet) y en agosto se completa el recorrido en bicicleta de montaña (Birkebeinerrennet sykkel)…
Por supuesto, siempre cargando la mítica mochila de 3,5 kilos.
MARCIALONGA
La tercera gran carrera de esquí de fondo de larga distancia se celebra en Italia. Mientras que las pruebas escandinavas nacieron de la épica de la supervivencia y la guerra, la Marcialonga nació de la pasión de los aficionados al esquí de fondo.
Se celebra el último domingo de enero en la región de Trentino, cruzando los espectaculares valles de Fiemme y Fassa, bajo la imponente mirada de los Dolomitas. Son 70 kilómetros de recorrido en técnica clásica.
La chispa de la Marcialonga se encendió en el norte de Europa. En 1968, el esquiador italiano Franco Nones hizo historia al ganar la medalla de oro de 30 km en los Juegos Olímpicos de Grenoble, demostrando que se podía batir a los escandinavos en su propio terreno.
Inspirados por este hito, en el invierno de 1969 y 1970, cuatro amigos italianos aficionados al esquí (Mario Cristofolini, Giulio Giovannini, Roberto Moggio y Nele Zorzi) viajaron a Suecia para correr la legendaria Vasaloppet. Quedaron tan absolutamente enamorados de la experiencia y de la marea humana que decidieron que tenían que importar ese concepto a Italia.

El 7 de febrero de 1971 se celebró la primera edición. Los organizadores esperaban, con suerte, un centenar de aventureros; para su sorpresa, aparecieron 1.157 esquiadores. El nombre elegido, Marcialonga («la Larga Marcha»), reflejaba a la perfección el desafío físico al que se enfrentaban.
Como reflejo de la época, las primeras seis ediciones de la Marcialonga estuvieron reservadas exclusivamente a los hombres. Sin embargo, las mujeres de los valles no se quedaron de brazos cruzados. En los años 70, decenas de esquiadoras desafiaron la prohibición de la organización y se inscribieron usando nombres falsos masculinos, camuflándose en la salida con gorros caídos y bigotes falsos pintados para pasar desapercibidas ante los jueces. En la edición de 1977, catorce mujeres fueron cazadas y descalificadas en la mismísima línea de meta, lo que provocó una protesta pública.
La presión social fue tal que en 1978 la carrera se abrió oficialmente a la categoría femenina, coronando a la francesa Dominique Robert como su primera campeona legítima.

Si algo define a los italianos en el mundo del esquí es su maestría absoluta en la producción de nieve. A diferencia de Escandinavia, donde el frío nórdico suele garantizar el manto blanco, los valles de Fiemme y Fassa suelen sufrir inviernos secos y templados. Tras sufrir dolorosas cancelaciones por falta de nieve en 1975, 1989 y 1990, la organización decidió no volver a depender del cielo.
La Marcialonga cuenta con uno de los sistemas de cañones de nieve artificial más avanzados del planeta. Desde octubre, un ejército de operarios fabrica nieve para cubrir los 70 km del recorrido. La estampa actual de la carrera es icónica: una cinta blanca de nieve artificial, de dos o tres trazas, que serpentea con nitidez a lo largo de un valle completamente marrón o verde, cruzando campos, carreteras e incluso atravesando los cascos históricos de pueblos alpinos como Canazei o Predazzo, donde la nieve se esparce literalmente por encima del pavimento de las calles.

La carrera arranca en Moena. Los primeros 18 kilómetros consisten en una subida constante y suave (con una pendiente media del 1%) que remonta el río Avisio hasta Canazei. Una vez allí, los esquiadores dan la vuelta y afrontan un descenso rapidísimo y tendido de casi 50 kilómetros a lo largo del valle de Fiemme, pasando por el estadio olímpico de Lago di Tesero.
Este larguísimo tramo favorable convirtió a la Marcialonga, al igual que a la Vasaloppet, en el paraíso del Double Poling (el empuje moderno). Hoy en día no sólo los profesionales, sino también miles de aficionados —apodados cariñosamente «bisonti» (bisontes)— cubren casi todo el recorrido a base de fuerza de brazos y core, sin usar ceras de agarre.
Sin embargo, la Marcialonga guarda un monstruo para el final. En el kilómetro 67,5, cuando los brazos están completamente destruidos tras horas de empuje, los esquiadores se topan con la Cuesta de la Cascata (Mur de la Cascata). Es una rampa brutal de 2,5 kilómetros, con pendientes que alcanzan el 12%, para ascender hasta la meta en Cavalese.
Ver la Cascata en directo es un espectáculo dramático: los esquiadores que han decidido apostar por no usar ceras aguantan agónicamente haciendo Double Poling saltado, con los tríceps al borde del espasmo, mientras miles de espectadores italianos se agolpan a los lados de la pista, pegados a los esquís, gritando y empujando en un pasillo humano electrizante.
Cruzar la línea de meta en Cavalese y recibir la corona de laurel es una de las experiencias más bellas que un fondista puede vivir en su carrera deportiva.
ENGANDIN SKIMARATHON
Si las tres grandes clásicas de las que hemos hablado (Vasaloppet, Birke y Marcialonga) son templos del sufrimiento y el esfuerzo agónico en estilo clásico, el Engadin Skimarathon, en Suiza, es la antítesis absoluta: la fiesta de la velocidad, la luz, el glamour y el estilo libre (skating) por excelencia.
Se celebra el segundo domingo de marzo en el espectacular valle de la Engadina, en el cantón de los Grisones, y une las localidades de Maloja y S-chanf, pasando muy cerca de la mítica y lujosa estación de St. Moritz.
Son 42 kilómetros (la distancia exacta de un maratón) y ostenta el título de ser la segunda carrera con más participantes del mundo, congregando habitualmente a más de 14.000 esquiadores.

La Engadina nació en 1969 gracias a la visión de un grupo de entusiastas locales que querían crear una prueba de resistencia masiva aprovechando las condiciones idílicas del valle, situado a una altitud de entre 1.600 y 1.800 metros sobre el nivel del mar.
En su primera edición participaron 945 esquiadores y se convirtió rápidamente en el destino favorito de los centroeuropeos, por sus paisajes de postal y la logística impecable.
Cuando en 1986 la FIS dividió oficialmente el esquí de fondo en clásico y patinador, la Engadina tomó una decisión que definió su identidad para siempre: se convirtió en una carrera de estilo libre-
Debido a su perfil, es considerada la carrera más rápida del circuito mundial de largas distancias (Worldloppet). El recorrido es una delicia para los amantes del patinador.
Los primeros 15 kilómetros de la carrera son completamente llanos y se disputan literalmente esquiando sobre la superficie congelada de los lagos de Sils y Silvaplana. Existe un fenómeno meteorológico único en el valle: el viento térmico desde el puerto de Maloja suele empujar a los esquiadores por la espalda durante casi todo el recorrido, convirtiendo la carrera en un auténtico avión.
Pero la Engadina esconde su punto crítico en el kilómetro 20, justo después de pasar St. Moritz: el Bosque de Staz. Se trata de un tramo boscoso revirado, estrecho y con pendientes técnicas (subidas cortas muy duras y, sobre todo, bajadas técnicas con curvas cerradas). Al llegar miles de esquiadores en pelotón, el Stazerwald es famoso por sus caídas multitudinarias. Una vez superado este tramo, el recorrido vuelve a abrirse en un falso llano que desciende hasta la meta en S-chanf.
A diferencia del ambiente «militar» y estricto de la Birke noruega (con su mochila obligatoria), la Engadina es una celebración hedonista: el sol de marzo suele brillar con fuerza, la nieve polvo está perfectamente tratada por las máquinas alpinas y el día termina habitualmente con fondues de queso y chocolate en los pueblos del valle.
El récord del mundo oficioso: Para que te hagas una idea de lo rápida que es la pista, el récord de la prueba lo tiene el suizo Roman Furger, quien en 2018 completó los 42 kilómetros en 1 hora, 34 minutos y 52 segundos. ¡Eso es una media de más de 26 km/h sobre esquís de fondo!
Otras carreras y circuitos de esquí de fondo
Estas cuatro carreras son las más conocidas en el circuito de pruebas de larga distancia Worldloppet, pero no son las únicas, puesto que hay varias carreras en todo el mundo: Chequia, Finlandia, China, USA, Australia…
Y también un circuito de menor categoría que podríamos considerar como la segunda división de la larga distancia, la Euroloppet, carreras que merecen la pena descubrir porque guardan todavía el sabor más rural, menos profesionalizado y sobre todo, menos masificado que tenían las carreras míticas antaño.
Carreras como la Lapponia Hiihto (en Olos, Laponia finlandesa) en las que todavía te dan pasas y pepinillos agridulces en los avituallamientos, porque eran las fuentes de carbohidratos y electrolitos disponibles en esa zona antes de la llegada de las bebidas deportivas comerciales.
Y como no podríamos hablar de cualquier deporte sin conocer a algunos de los deportistas que han protagonizado los mejores momentos, es momento de hablar en el próximo post de algunos de los fondistas que han marcado una época.
